La historia de Walli

De niña me impresionó profundamente Bruce Lee. En aquella época no había ninguna posibilidad de aprender artes marciales donde yo vivía. No fue hasta que mis propios hijos empezaron a practicar karate cuando volví a entrar en contacto con este mundo. Su profesor también enseñaba Tai Chi y participé en una clase de prueba. Desde entonces, el Tai Chi forma parte de mi vida.
Gracias a mi primer maestro conocí a un monje Shaolin, quien me enseñó la forma Pekín de 24 movimientos y una forma de 48 movimientos. Muy pronto descubrí que enseñar era una de mis grandes vocaciones. Por ello inicié la formación como profesora en Qi Space, en Winterthur, con Daniel Züblin. Finalicé esta formación en 2009 y fui reconocida por la Sociedad Suiza de Tai Chi y Qi Gong. Desde entonces imparto la forma corta Yang de 37 movimientos (según Cheng Man Ching), la forma larga Yang de 108 movimientos (según Yang Chengfu y Huang Sheng Shyan / Patrick Kelly), así como Qi Gong.
Lo que más me fascina del Tai Chi y el Qi Gong es que nunca se deja de aprender. En mis cursos deseo que cada participante pueda sentirse y conocerse mejor a sí mismo, sin quedarse atrapado en la filosofía o en los principios teóricos que hay detrás de esta práctica.
«Normalmente soy una persona muy impaciente. Sin embargo, cuando practico Tai Chi consigo centrarme por completo en mí mismo, a pesar de que los movimientos son muy lentos.»
Experiencias como esta, compartidas por personas que han participado en mis cursos, son las que deseo hacer posibles para muchas más personas. Me alegra dar la bienvenida a cada nuevo participante.
Nuestro mundo, cada vez más acelerado, necesita más personas que vuelvan a conectar consigo mismas y encuentren la paz interior. El Tai Chi y el Qi Gong pueden ser un valioso camino para lograrlo.

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